Picaresca mexicana: El Periquillo Sarniento en el tejido mental de la nación

Juan Carlos Ramírez-Pimienta

 

            Uno de los mayores problemas que la crítica literaria ha enfrentado al trabajar la picaresca es precisamente tratar de definir, delimitar, excluir e incluir, qué obras forman parte del corpus.  Si bien  esta misma crítica estaría de acuerdo en que este género es esencialmente una aportación española, muchos se empeñan en buscarle antecedentes en otras tradiciones  literarias.  Así, tenemos estudiosos que señalan precedentes en obras como El asno de oro de Apuleyo, el Satiricón de Petronio, el Liber vagatorum y otras más.  Empero, en general  también, los críticos reconocen que es en España que la picaresca florece.  Sobre esto, María Casas de Faunce en su estudio “La novela picaresca hispanoamericana: Una teoría de la picaresca literaria" opina:

La aportación española al género consiste en haber cristalizado elementos dispersos, presentándolos en forma ventajosa a sus propósitos y fijar pautas.  Es decir, populariza el género literario bajo la forma de novela picaresca.  No menos significativa es la segunda contribución española: Bautizar al protagonista.  Provisto de una areola de incienso español, pasará el nuevo personaje a otras literaturas, aunque los críticos, abrumados por su fuerte y novedoso aroma, hayan tratado de asociar el pícaro como producto inmanente de esa eclesiástica España en el momento de su descomposición total.  El resto, la materia picaresca, puede hallarse en vetas de diferentes geologías. (996)

            Es precisamente a alguna de las vetas picarescas que florecieron en las geologías y geografías del nuevo mundo que dedicaremos este ensayo, específicamente al Periquillo Sarniento, reconocida por muchos como la primera novela hispanoamericana.  Sin embargo, ¿cómo poder definir y estudiar una novela picaresca latinoamericana cuando los críticos aún no se ponen de acuerdo en lo que constituye una obra de este tipo en el contexto literario español del Siglo de Oro?   Así pues, leemos que la primera obra realmente picaresca es El Lazarillo de Tormes pero que ésta es diferente al Guzmán de Alfarache y ésta a su vez difiere del Buscón de Quevedo, para nombrar sólo algunas.  Todos los anteriores tienen rasgos en común y otros que los separan, empero, como apunta Alison Eber en su ensayo “Cuatro clases de narrativa picaresca”, este género no puede ser un concepto inamovible ni uno científico:

Solemos pensar en una definición genérica como algo basado en semejanzas y no en diferencias.  Y yo no niego que la narrativa picaresca comparta varios rasgos comunes; la mimesis no heroica, la trasgresión como suceso narrativo principal, y una actitud hacia esa trasgresión manipulada por el autor.  Pero estos rasgos compartidos resultan poco útiles si no nos fijamos en las polaridades narrativas -novela / cuento,  comedia / ironía.  La picaresca no puede ser un concepto taxonómico; era y es un sistema de posibilidades, una constelación de estructuras.  (18)

            Lo anterior, sin embargo, no significa que renunciemos a tratar de investigar y analizar lo que significan las diferentes características de las diferentes novelas picarescas escritas en determinados tiempos y espacios, esto es, para usar un término de José Antonio Maravall, en el tejido mental de una época.  Es por eso que el presente trabajo se abocará a estudiar qué significa escribir y leer  El Periquillo Sarniento en el contexto social, político e histórico, es decir, en el tejido mental  del México de principios del siglo XIX.

            En un trabajo publicado a finales de los años setenta Catherine Beroud afirma que la picaresca es la única posibilidad literaria para El Periquillo.  Es posible que no sea la única posibilidad aunque  sí la más adecuada para lograr lo que el escritor se propone; ayudar precisamente a la construcción y fijación de este gentilicio "mexicano" y de una nación formada por éstos, es decir, los mexicanos.

            Desde su publicación hasta el día de hoy, la novela ha sido comparada con obras específicas de la picaresca española y francesa; desde el Guzmán de Alfarache hasta el Gil Blas de Santillana.  Era evidente que por su carácter autobiográfico, por el continuo cambiar de amos, el vagabundeo y la actitud de Perico se reconocía en la novela una obra del género picaresco y, sin embargo, había algo diferente.  Para entender estas características especiales - o desviaciones de la picaresca tradicional como algunos pudieran decir-  que Lizardi aplica a su novela hay que entender cabalmente quién y qué era este primer novelista latinoamericano.  Al Pensador le tocó vivir a caballo no solamente entre dos siglos sino entre dos realidades americanas; la colonia y el establecimiento de los nuevos países independientes.

            José Joaquín Fernández de Lizardi nace en noviembre de 1776 en la ciudad de México, capital del virreinato de la nueva España y muere en 1827 en México, capital de la recién nacida república mexicana.  Aunque los padres de Fernández de Lizardi no eran ricos tampoco vivían en la pobreza.  Eran,  y esto es muy importante,  miembros de la naciente clase media novo hispana.  En cuanto a su educación formal, si bien por sus biógrafos sabemos que asistió a la universidad no estamos seguros de que se haya graduado.

            Aunque con el inicio de la guerra de independencia de España Fernández de Lizardi se convertirá en un defensor de esta causa, se conoce un poema suyo, escrito en 1808, en el cual celebra la llegada al trono de Fernando VI (Spell XI).  Sin embargo, para 1812 funda un periódico al que llamó El Pensador Mexicano, seudónimo que él mismo adoptará en el futuro al firmar sus escritos.  Desde el mismo nombre del periódico vemos ya claramente su filiación nacionalista mexicana simpatizante con la creación de un México que diera fin a la terminación de la Nueva España.

            Sus claras simpatías independentistas le acarrearon muchos problemas con las autoridades coloniales las cuales, en varias ocasiones, clausuraron su periódico llegando inclusive algunas veces al extremo de destruir las prensas.  Después de tres años de esta continua clausura y apertura del Pensador mexicano Fernández de Lizardi decide fundar otro periódico; Alacena de Frioleras.  Esta publicación vivió solamente un par de años debido precisamente al mismo tipo de presiones que había experimentado su antecesora.  Todo lo anterior nos  concierne debido a que fue muy posiblemente debido a estos altercados y restricciones ocurridas al ejercer el periodismo que Fernández de Lizardi  haya decidido cambiar de género y hacerse novelista.  De 1816 a 1820 escribió cuatro obras: El Periquillo Sarniento en 1816, Noches tristes y día alegre en 1818, La Quijotita y su prima en 1819 y Don Catrín de la fachenda en 1820, todas con mayor o menor cantidad de elementos usualmente asociados a la picaresca.

            Ya para 1820, con el triunfo de la causa independentista, el Pensador se reintegra a su actividad periodística.  Con lo anterior en mente, es conveniente preguntarse hasta qué punto usó las novelas como un medio con el cual podía esquivar la censura que en su ejercicio del periodismo tanto le afectó.  Al respecto, en cuanto a su ficción, si bien el Periquillo Sarniento también sufrió censura, ésta no se llevó a cabo sino hasta el cuarto y último volumen de la serie.

            Por otra parte, a pesar de que hay un gran debate entre cuál de sus dos novelas mayores  El Periquillo y Don Catrín  es la obra maestra, lo cierto es que muestran dos lados distintos de un mismo proyecto.  Algunos críticos vieron las digresiones en El Periquillo como un defecto que posteriormente pulió el autor en su Catrín.  Pero, estas digresiones deben verse como esenciales para lograr el objetivo de Fernández de Lizardi; un adoctrinamiento de los futuros ciudadanos de la nación.[1]

             El Periquillo se escribió en plena guerra de independencia, su historia se desarrolla mayormente en el México de la Colonia.  Lo anterior le sirve para señalar, en el más puro espíritu picaresco,  los vicios de esta sociedad.  Empero, a diferencia de la mayoría de sus progenitores de la picaresca producida en el Siglo de Oro español, al Pensador Mexicano no le interesa solamente narrar los errores y lacras de una sociedad corrupta.[2]  El autor señala el problema e inmediatamente da una solución.  Son éstos a los que  llamándolas digresiones  algunos investigadores aluden como elementos que tedian la lectura de la novela.  Sin embargo,  Fernández de Lizardi está diciendo, por medio de la ficción, lo que en el periodismo le es vedado. 

            Según Octavio Pérez Vitoria Moreno, director del Instituto de Criminología y catedrático de derecho penal de la universidad de Barcelona, en su prólogo al libro Peligrosidad social y picaresca de Jorge Manrique de Aragón, la picaresca conlleva peligrosidad social: “el pícaro, más que otro hombre, corre el riesgo objetivo de llegar a ser, con toda probabilidad, un delincuente.” (9)  Lizardi quiere un México sin pícaros. El que su propósito sea prefigurar la nación mexicana por medio del adoctrinamiento de los futuros miembros de esta patria, se evidencia al analizar la obra en general y la estructura en particular. 

            La novela se construye en base de un exemplum ad contraris en el cual el protagonista, desde la perspectiva que le dan sus años últimos, narra su vida a sus hijos.  Aquí no tenemos, como en el Lazarillo, un protagonista que cree que su trayectoria ha sido una perpetuamente ascendente; es decir, hacia buen puerto.  Perico, el protagonista de Lizardi, sabe que su vida no ha sido ejemplar, que ha pecado mucho y es por eso que deja sus memorias a sus hijos para que ellos no cometan los mismos errores:

Postrado en una cama muchos meses hace, batallando con los médicos y enfermedades, y esperando con resignación el día en que, cumplido el orden de la divina providencia hayais de cerrar mis ojos, queridos hijos míos, he pensado dejaros escritos los nada raros sucesos de mi vida, para que os sepáis guardar y precaver de muchos de los peligros que amenazan y aun lastiman al hombre en el discurso de sus días. (11)

            Perico, a diferencia de Lázaro de Tormes, sí llegó a lo que convencionalmente se llama buen puerto  aunque luego veremos lo que esto significa en el contexto del proyecto de la construcción de la nación mexicana.  Sin embargo, el camino que recorrió no es uno a seguir sino, por el contrario, uno que debe evitarse “que mejor es aprovechar el desengaño en las cabezas ajenas.” (11)   La novela, es pues,  un manual para que los hijos de Perico - que simbolizan los hijos de la nueva república - aprendan el arte de ser buenos ciudadanos.  Este propósito didáctico hace que el pensador deje a un lado las sutilezas y entregue su doctrina en forma llana y simple:

Suelo prescindir de aquellas reglas que me parecen embarazosas para llegar al fin que me propongo, que es la instrucción de los ignorantes (Para éstos escribo y no para los sabios...).  Por ejemplo: sé que una de las reglas es que la moralidad y la sátira vayan envueltas en la acción y no muy explicadas en la prosa; y yo falto a esta regla con frecuencia, porque estoy persuadido de que los lectores para quienes escribo necesitan ordinariamente que se les den las moralidades mascadas... Aún hoy necesitan muchas gentes un comentario para entender el Quijote el Gil Blas y otras muchas obras como éstas, en que sólo encuentran diversión. (Obras 8: 24-25)

            El que su mensaje vaya “mascado”, preparado para su fácil digestión, se explica claramente porque Lizardi – como él mismo afirma - no está escribiendo para los sabios sino para la base de la sociedad mexicana; las personas simples, a ellos les dice al inicio del Periquillo:

Muy bien sé que descendéis de un ingrato, y que tenéis relaciones de parentesco con los Caínes fratricidas, con los idólatras Nabucos, con las prostitutas Dalilas, con los sacrílegos Baltasares, con los malditos Canes, con los traidores Judas, con los pérfidos Sinones, con los Cacos ladrones, con los herejes Arrios, y con una multitud de pícaros y pícaras que han vivido y aún viven en el mismo mundo que nosotros.  Sé que acaso seréis, algunos, plebeyos, indios, mulatos, negros, viciosos, tontos y majaderos. (3)

            Es por lo anterior - su lector pretendido - que el lenguaje de la novela es simple, llano y también vulgar.  A causa de estas supuestas vulgaridades, varios sectores de la crítica atacaron la obra sin reparar - aunque se repite constantemente en el libro - que es precisamente este lenguaje el que permite acercarse a las bases - de clase media para abajo - que constituirán la nación mexicana.  No encontramos aquí pues los rebuscados juegos de palabras y significados a los que Quevedo nos acostumbró en su Buscón, no es éste el caso de un despliegue de ingenio verbal sino uno de pedagogía dirigido a los cimientos poblacionales de la futura república mexicana.

            Y es consecuentemente con esto que Fernández de Lizardi comienza su historia, criticando la unidad cimental de una sociedad; la familia.  Y es a la suya, una familia de la clase media novo hispana, que Perico culpa, al menos parcialmente, por su mala formación.  Efectivamente, desde el inicio Perico hace hincapié en que sus padres no eran malas personas sino sólo deficientes en el arte de la educación y crianza de los hijos.  De la madre nos dice:

Bastaba que yo manifestara deseo de alguna cosa, para que mi madre hiciera por ponérmela en las manos, aunque fuera injustamente.  Supongamos: quería yo su  rosario, el dedal con que cosía, un dulcecito que otro niño de la casa tenía en al mano, o cosa semejante, se me había de dar en el instante, y cuenta como se me negaba, porque aturdía yo el barrio a gritos; y como me enseñaron a darme cuanto gusto quería, porque no llorara, yo lloraba por cuanto se me antojaba para que se me diera pronto.  Si alguna criada me incomodara, hacía mi madre que la castigaba, como para satisfacerme, y esto no era otra cosa que enseñarme a ser soberbio y vengativo. (14)

            Del padre reconoce que sus ideas con respeto a su educación eran las adecuadas, pero que le había faltado firmeza; es decir, oponerse a la madre para llevar al cabo sus ideas relativas a la crianza del hijo:

Mi padre era de mucho juicio, nada vulgar, y por lo mismo se oponía a todas las candideces de mi madre; pero algunas veces, por no decir las más, flaqueaba en cuanto la veía afligirse o incomodarse demasiado, y ésta fue la causa por la que yo me crié entre bien y mal, no sólo con perjuicio de mi educación moral, sino también de mi constitución física. (14)

            La segunda institución hacia la que Fernández de Lizardi apunta sus cañones es la educación.  Lo anterior no es sorprendente pues, junto con la educación recibida en casa, ambas constituyen la base de lo que será un buen ciudadano.  Al respecto, Jefferson Rea Spell opina: “Igualmente preocupaban a Lizardi otras fases de la educación.  En rigor, para él, la cuestión más urgente era el mejoramiento de todo el sistema de enseñanza de su país; y, con este fin, se hizo en su Periquillo el portaestandarte de ciertas nuevas ideas procedentes de Francia y España.” (VII-IX)

Conviene notar aquí que su afán democratizante de la educación es el que se adoptó en el otro nacimiento de la nación mexicana; es decir, la etapa posrevolucionaria en la que después de cien años de independencia, reforma y porfiriato se hace "borrón y cuenta nueva" y se inicia otro proyecto nuevo de nación.

            Efectivamente, tan pronto como termina la etapa armada de la revolución mexicana, lo primero que hace José Vasconcelos, al ser nombrado Secretario de Educación, es iniciar una campaña de alfabetización para las comunidades marginadas de la clase baja mexicana, especialmente los indígenas.  Esta campaña estaría complementada con una serie de talleres tecnológicos que servirán para enseñar al indio un oficio, precisamente lo que proponía, un siglo antes, José Joaquín Fernández de Lizardi.

            El pensador mexicano endorsa apasionadamente una educación tecnológica vocacional que permitiría crear oficiales, es decir practicantes de algún oficio, en lugar de aprendices de filósofos y latinajos.  En la novela ilustra esto con la disputa entre sus padres por el tipo de educación que Perico debe seguir.  La siguiente cita ilustra la noción de limpieza de oficios; el desprecio de un sector de la sociedad hacia las llamadas profesiones "viles" y "mecánicas.":

Mi hijo a oficio. No lo permita Dios.  ¿Qué dijera la gente al ver al hijo de don Manuel Sarmiento aprendiendo a sastre, pintor, platero u otra cosa?  ¿Qué ha de decir?  -respondía mi padre-.  Que don Manuel Sarmiento es un hombre decente, pero pobre y muy hombre de bien, y no teniendo caudal que dejarle a su hijo, quiere proporcionarle algún arbitrio útil y honesto para que solicite su subsistencia sin sobrecargar a la república de un ocioso más, y este arbitrio no es otro que un oficio.  Esto pueden decir y no otra cosa.  -No, señor- replicaba mi madre toda electrizada-; si usted quiere dar a Pedro algún oficio mecánico, atropellando con su nacimiento, yo no, pues, aunque pobre, me acuerdo que por mis venas y por las de mi hijo corre la ilustra sangre de los Ponces, Tagles, Pintos, Velascos, Zumalacárreguis y Bundiburis. (27)

            En cuanto al lenguaje de la obra, si hay algún pasaje o pasajes en que Fernández de Lizardi privilegie el uso de un lenguaje rimbombante y "educado" es precisamente cuando quiere ridiculizar a su personaje mostrando que detrás de estas palabras y falsa erudición se encuentra solamente el vacío de conceptos.  Por otra parte, bien pudiese objetarse lo que se ha venido diciendo en el sentido "democratizador” de la primera novela de Lizardi arguyendo que no puede ser tan “democrática” cuando un gran porcentaje de la población no sabe leer.  Estamos de acuerdo en que es verdad que un alto número de los que Lizardi quiere que conozcan su mensaje son analfabetos.  Sin embargo, creemos que el Pensador está también consciente de esto y trata de darle una solución.  Como los adelantos tecnológicos no permiten aún el uso de medios masivos de comunicación que hagan posible un contacto más directo con las masas, Lizardi tiene que usar el lenguaje escrito, sin embargo, intenta paliar este "defecto". ¿Cómo? Primeramente, como ya se dijo, usando un lenguaje accesible, lo màs accesible posible para todos aquellos que, aunque sepan leer, no sean muy educados.

            El escritor concibió su libro como una especie de "película" primitiva, es decir, se aseguró que tuviera un gran número de ilustraciones que hicíesen su lectura más fácil.  También, el autor mismo sugiere que la mejor manera de leer el libro es en voz alta.  Como dice Jean Franco:

Como muchos de sus contemporáneos, Lizardi creía que el ejemplo directo era la forma más efectiva de enseñar a los niños, ya que estos eran "los monos de los viejos" (PS, p 27).  En apoyo a esta idea, citaba a Séneca: "se hace largo y eficaz por el ejemplo" (PS, p.28).  Se consideraba el ejemplo mucho más directo que la palabra, aunque la palabra hablada era más potente que la escritura.  Por esta razón, Lizardi sugiere a principios de El Periquillo Sarniento que la mejor manera de leerla era en voz alta de suerte que si cerráis los ojos os parece que estáis oyendo a un orador en un púlpito, a un individuo en un estrado, a un cómico en un teatro (PS, p.19).  (18)

            Detrás de las ideas del pensador acerca de la importancia de tener un oficio se encuentra la ética del trabajo.  Efectivamente, toda la novela no es sino una serie de infortunios que le suceden al protagonista en su afán por vivir de la sociedad sin contribuir a ella.  Seguramente es esta la razón por la cual se enfatiza que el dinero que no es ganado por medio del trabajo no puede durar.  Es por eso que se muestra la oscilación de la suerte o el azar en su etapa de jugador / estafador al lado de Juan Largo; un día viven como reyes para al siguiente hacerlo como mendigos.  Es por esto también que, como se nos muestra en el noveno capítulo  del segundo libro, el dinero que gana en la lotería (a pesar de ser mucho)  no le dura. ¡No le puede durar!  Por necesidad,  por mucho que sea se le tiene que agotar al no haber sido ganado "con el sudor de la frente". Y no solamente eso, el pícaro desea "usurpar calidad social" (Maravall 529) y es por eso que despilfarra el dinero cuando lo obtiene.  Desea "insertarse en el régimen de la economía señorial". (529)

            En el capítulo doce del segundo libro en que el Periquillo se convierte en mendigo sucede algo semejante, no puede vivir de la sociedad.  De hecho, toda la novela es - muy en la vena picaresca - un continuo descenso en la escala social y humana.  La obra es, pues, la bitácora del descenso de Perico de bachiller a estafador a ladrón de caminos.  Sí, y a diferencia de otras obras de picaresca, Perico sí llega a buen puerto porque Lizardi identifica éste con la ética del trabajo.

            Debemos destacar que lo que distingue al buen pícaro es su movilidad, su andar de amo en amo y de truco en truco sin sentar cabeza.  Es su naturaleza querer mejorar su posición social de la manera más cómoda, mediante triquinuelas y bribonerías.  Según Maravall el pícaro es un desviado del rol que la sociedad le asigna como pobre.  Así, rechaza el trabajo físico y trata de medrar por caminos no tradicionales. (80)

            El Pensador no sólo trata de criticar sino de aportar soluciones.  Esto tal vez se hace más evidente en el capítulo en que Perico, después de purgar su condena en las Filipinas, arriba, al naufragar el navío en que viajaba, a la mítica isla oriental de Limahotón, el que será su penúltimo amo.  Es en esta isla utópica que se cristalizarán todas las virtudes con las que - según Lizardi - una sociedad debe estar dotada.  Después de dejarlo descansar cuatro días dando tiempo a que se reponga del naufragio,  Limahotón lleva a Perico a conocer a su hermano, el virrey de la isla.  Se muestra a continuación de  nuevo la importancia que la ética del trabajo tiene en la obra del Pensador.  Lo primero que le pregunta el virrey a Perico es qué sabe hacer:

-Y tú, ¿qué sabes hacer? Porque aunque en esta provincia se usa la             hospitalidad con todos los extranjeros pobres, o no pobres, que aportan a nuestras playas, sin embargo, con los que tratan de detenerse en nuestras ciudades no somos muy indulgentes, pasado cierto tiempo, sino que nos informamos de sus habilidades y oficios para ocuparlos en lo que saben hacer, o para aprender de ellos lo que ignoramos.  El caso es que aquí nadie come nuestro arroz ni la sabrosa carne de nuestras vacas y peces sin ganarlo sin el trabajo de sus manos.  De manera, que al que no tiene ningún oficio o habilidad, se lo enseñamos, y dentro de uno o dos años ya se halla en estado de desquitar poco a poco lo que gasta el tesoro del rey en fomentarlo.  En esta virtud, dime qué oficio sabes, para que mi hermano te recomiende en un taller donde ganes tu vida.  (330)

            Luego, Lizardi arremete contra lo que considera el epítome del personaje negativo en su sociedad ideal; el mendigo.  Se asegura de dejar en claro que el país perfecto, esta utópica isla oriental, no tiene limosneros: “ - Aquí no hay mendigos aunque hay pobres, porque aun de los que lo son muchos tienen oficio con que mantenerse; y si no, son forzados a aprenderlo por el gobierno.” (343) dirá Limahotón el protector de Perico.

            Y conviene detenerse aquí a analizar brevemente lo que significa en el género picaresco la presencia del mendigo.  En la edad media se veía a estos pedigüeños como una oportunidad para, mediante la limosna, lograr indultos para alcanzar el cielo, es decir, la concepción de los limosneros no era la de una carga para la sociedad.  Con el Lazarillo comenzamos a ver ya un cambio de actitud en el nivel de tolerancia de la sociedad para con los mendigos.  Si bien, dentro de la embrionaria sociedad capitalista que se comienza a gestar en el Lazarillo cada vez hay menos lugar para aquellos que no trabajan, en El Periquillo Sarniento esto toma proporciones mucho màs drásticas: "Este odio refleja la actitud burguesa que ya no considera al mendigo un pretexto para los actos de caridad." (Franco: 10)

            La novela también propone, con su estructura, una descentralización de la ciudad de México.  Con la guerra de independencia un gran número de personas emigró a esta ciudad en busca de un ambiente social más seguro.  Entre los emigrantes había, por supuesto, muchos miembros de las clases populares, campesinos que, al no poder dedicarse a la agricultura en la ciudad, pasaron a formar parte de este nutrido grupo de pícaros y pícaras a los que Fernández de Lizardi alude en su prólogo.

            La obra es, a lo largo de muchos capítulos, un continuo "mapear" de la ciudad y sus alrededores.  En la capital, Perico se desplaza por sus calles, mesones y plazas vagabundeando.  Visita así mismo los alrededores: Cuatlitlán, Ixtapalapa, Ixtacalco, San Angel y otras poblaciones.  Es principalmente aquí, en la ciudad y su periferia que el elemento nocivo - los pícaros y pelados - se reúnen.  En su libro La literatura picaresca desde la perspectiva de la historia social Maravall liga el "problema" de los pícaros - en el contexto barroco español - con la desvinculación social del pícaro con su medio rural de origen.  Al ver rezagadas las expectativas de mejoramiento social como consecuencia de la falta de desarrollo industrial y comercial es que, según él, surge este problema social.

            Es al salir de la capital y de su influencia que Perico logra regenerarse, primero al desplazarse a las Filipinas y luego al establecerse como administrador de un mesón y una tienda en San Agustín de las Cuevas.  Si bien el mirar el cadáver colgado de Juan Largo, su antiguo compañero de trampas convertido en salteador de caminos, tuvo que ver con su cambio de actitud no se puede negar que el ambiente también tiene su parte en lograr esto.  De alguna manera, Lizardi invita a las clases bajas que habitaban la capital a dejarla y retornar al campo, fuera de las influencias negativas.

            Fernández de Lizardi sabe que el pícaro es un delincuente en potencia aunque no un delincuente nato; al Perico lo muestra cobarde en compañía de los ladrones.  Nos dice así mismo que todavía le quedan algunos escrúpulos en cuanto a tomar la vida ajena.  Al criminal nato, El Pensador en su ficción lo elimina de la sociedad de forma drástica;  Januario muere ahorcado, pagando así por sus muertes y robos:           

Como una legua o poco más había andado cuando vi afianzado contra un árbol y sostenido por una estaca el cadáver de un ajusticiado, con su saco blanco y montera adornada con una cruz de paño rojo que le quedaba en la parte delantera de la cabeza sobre la frente, y las manos amarradas. Acérqueme a verlo despacio; pero  como me quedaría cuando advertí y conocí en aquel deforme cadáver a mi antiguo e infeliz amigo Januario.  (383)

Un final parecido tiene  su compañero de cárcel el Aguilucho:  "Entonces él se echó a tierra, matando a su caballo de un culatazo que le dio en la cabeza, y al subir a las ancas del mío, le dispararon una bala tan bien dirigida que le pasó las sienes y cayó muerto." (380) Obviamente, Lizardi considera a estos pillos irredentos.  En cambio deja bien claro que a Perico, en parte, lo que lo perdió fueron las malas compañías.  Al ver a su "amigo" muerto comenta:

En aquel momento me acordé de sus extravíos, de sus depravados             consejos, ejemplos y máximas infernales; sentí mucho su desgracia; lloré por él, al fin lo traté de amigo y nos criamos juntos; pero también le di a Dios muy cordiales gracias porque me había separado de su amistad, pues con ella y con mi mala disposición fijamente hubiera sido ladrón como él, y tal vez a aquella hora me sostendría el árbol de enfrente.  (383)

Una vez fuera de la influencia de las malas amistades es que Perico se regenera.  Es, por supuesto, a los Pericos que tienen la posibilidad de volver (o tal vez ir por primera vez) a la senda del bien que Lizardi dedica su libro.

            Aunque a lo largo de todo este ensayo se ha hablado de lo "democrática" que es la percepción que tiene el pensador de su lector, no por eso debe pensarse que Lizardi tenía en mente una sociedad igualitaria.  Muy al contrario, aun en su isla utópica novelada se asegura de dejar en claro la existencia de jerarquías.  De su protector isleño dice:  “sabed que cuando el asiático me tuvo por un noble, no se desdeño de acompañarse conmigo en lo público; antes muchos días me sacaba a pasear a su lado, manifestándome lo hermoso de la ciudad.” (339)  De lo anterior pues se deduce que antes de suponer que Perico es un personaje importante en México, Limahoton se "afrentaba" de ser visto en público con él.  De hecho la isla es lo màs lejano a una sociedad igualitaria.  En ésta, con una simple mirada, se sabe - por las ropas - quién y qué es cada cual.  Al respecto le dice a Perico su protector: “[C]on lo que te he enseñado, te bastará para que conozcas cuan fácil le es al gobierno saber el estado y oficio de cada uno con sólo verlo.” (344)

            Fernández de Lizardi quiere incorporar las clases marginadas a su proyecto nacional porque necesita su fuerza de trabajo y porque les teme.   Aunque las guerras de independencia fueron lideradas principalmente por criollos y miembros de lo que ahora consideramos clase media alta, en la época en que Lizardi escribe los ejércitos independentistas están formados por marginados descontentos y - lo que es peor - armados.  Jean Franco, citando a Torcuato di Tella, comenta al respecto:

La erupción de la horda "desenfrenada" había ocurrido con la rebelión de Hidalgo, cuyo ejército incluía mineros, trabajadores textiles, gente rural y algunos de los léperos, huachinangos y zaragates que formaban un estrato turbulento de la ciudad.  Estas clases peligrosas habían aumentado a fines del siglo XVÍI con la inmigración de la gente del campo, y con las castas que no formaban parte ni de la sociedad criolla ni de la indígena.  Los léperos se dividían a su vez en grupos de criminales y de gente que vivían del juego, y en un "leperaje decente" que incluía a los albañiles, los tocineros, los cargadores, los conductores de carros públicos, los veleros, los curtidores... (10)

            Resulta además interesante que al final de su vida y de la novela Pedro Sarmiento (que ya no Periquillo), a pesar de haber transitado toda la novela alabando los oficios manuales, termina siendo un próspero administrador.  Creemos que es ésta otra obvia prueba de la limitada visión "democrática" de Lizardi.  Si bien pasó muchas páginas pregonando la nobleza de ser barbero o zapatero, no quiso - en la más pura vena capitalista - privar a su protagonista de la noción de progreso.  Después de todo, Lizardi, aspirante a intelectual orgánico (no hay que olvidar que al triunfo de los independentistas editó el periódico oficial La gaceta del gobierno) no quiere que Perico, de origen clasemediero, descienda a formar parte del proletariado.  En esta meritocracia que propone, el Pensador  ataca las jerarquías basadas en la aristocracia mas nunca ataca al naciente y vital grupo que servirá de intermediario entre las clases altas y bajas; los intelectuales, precisamente el grupo al que Lizardi pertenece.

                                                                                   

                       

 


Obras citadas

Alemán, Mateo. Aventuras y vida de Guzmán de Alfarache. Barcelona: Planeta, 1983.

Anderson, Benedict.  Comunidades imaginadas.  México: Fondo de Cultura Económica, 1993.

Apuleyo. El asno de oro.  México: Porrúa, 1980.

Beroud, Catherine.  "La picaresca como única posibilidad literaria o El Periquillo             Sarniento.  En La picaresca: Orígenes, textos y estructuras.  Actas del I congreso

internacional sobre la picaresca.  Madrid: 1979.

Casas de Faunce, María.  “La novela picaresca hispanoamericana: Una teoría de la             picaresca literaria."  En La picaresca: Orígenes, textos y estructuras.  Actas del I congreso internacional sobre la picaresca.  Madrid: 1979.

Díaz-Plaja, Guillermo. Prólogo al Lazarillo de Tormes.  México: Porrúa, 1990.

Eber, Alison.  Cuatro clases de narrativa picaresca en La picaresca: Orígenes, textos y

estructuras.  Actas del I congreso internacional sobre la picaresca.  Madrid: 1979.

Fernández de Lizardi, José Joaquín.  El Periquillo Sarniento.  México: Porrúa, 1965.

 - - -.  Obras.  México: Universidad  Nacional Autónoma de México, 1963.

Franco, Jean. La heterogeneidad peligrosa: Escritor y control social en vísperas de la             independencia mexicana.  Hispamérica  34/35 (1983): 4-34.

El Lazarillo de Tormes.  México: Porrúa, 1990.

Le Sage, Alain. Gil Blas de Santillana.  México: Porrúa, 1982.

Liber vagatorum.  London:  J.C. Hollen, 1860.

Manrique de Aragón, Jorge.  Peligrosidad social y picaresca.  Barcelona: Aubí, 1977.

Maravall, José Antonio.  La literatura picaresca desde la perspectiva de la historia social. 

Madrid: Taurus, 1986.

Petronio.   Satiricón.  Madrid: Gredos, 1978.

Quevedo, Francisco de. Vida del Buscón Don Pablos. México: Porrúa, 1990.

Rama, Angel. La ciudad letrada.  Hanover:  Ediciones de Norte, 1984.

Ramos, Julio. Desencuentros de la modernidad en América Latina: Literatura y política en el

siglo XIX.  México: Fondo de Cultura Económica, 1989.

Spell, Jefferson R. Prólogo al Periquillo Sarniento.  México: Porrúa, 1965.

 



 

 

 

 

 

 

Notas

 

[1]  En cuanto a la relación entre escribir y formar  nación,  Benedict Anderson en su Comunidades imaginadas habla de lo importante que son el periodismo y la novela (precisamente los medios que domina Lizardi) en la creación de la comunidad imaginada que es la nación: "Estas formas (la novela y el periodismo) proveyeron los medios técnicos necesarios para la representación de la clase de comunidad imaginada que es la nación" (46-47).   En su libro incluso menciona El Periquillo en apoyo de su tesis aunque creemos que no leyó la obra y sólo se limitó a citar algún estudio crítico sobre la novela.  Para estudios más enfocados en América Latina ver La ciudad letrada de Angel Rama y Desencuentros de la modernidad en América Latina de Julio Ramos.

 

[2] Ya algunos críticos como Manuel Criado de Val han aportado interpretaciones semejantes con relación a la picaresca del Siglo de Oro.  Por ejemplo, para Criado de Val este género literario es una desvalorización del mundo antiguo de Castilla la Vieja ante el empuje de Castilla la Nueva.